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Full text of "Victoriano Antonio Conde 1859 Oracion Funebre"

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RESPETABLE SACERDOTE 


l DE LA 


COMPAÑIA BE JESUS 



0 - '«t es t a » — ■ 

Pronunciada en la Capilla pública déla 
Caridad por el Presbítero Dr> Victo- 
riano Antonio Conde, Cura Vicario 
de la Parroquia de San Agustín en la 
Villa de la Union, el dia 39 de Julio 
de 1859. 



MONTEVIDEO» 
Imprenta Liberal* 

185». 



TEMA. 


A manda tis lábiorum ejus non 
reces si, et in sinu meo abscondi 
verba oris ejus . 

No toe aparté de los mandami- 
entos de sus labios , y escondí en. 
mi seno las palabras de su boca 
Job . c. 22. V. 12. 

Señores: 


Si el simple recuerdo de los héroes profanos 
de la antigüedad excita sentimientos de placer y ad- 
miración, y si las imágenes brillantes, que á cada 
paso se ofrecen en la historia, arrebatan nuestra 
atención, ¿cuales deberá causar en el corazón del 
cristiano la maravillosa y continuada série de suce- 
sos, que unos en pos de otros se suceden en los hé- 
roes del cristianismo? El corazón del hombre, na- 
turalmente sensible á los rasgos de beneficencia, 
que en favor de la humanidad se dispensan, no 
puede dejar de conservar una grata memoria de 
los que ocupados únicamente en el servicio del Al- 
tísimo, derramaron ardientes y fervorosos votos por 
su prosperidad, y le dejaron memorables ejemplos 
de virtud (pie imitar. 

;De que lenguaje tan sublime debe usar el ora- 
dor cristiano, cuando recorriendo la série de los si- 
glos, se le ofrecen aquellos verdaderos adoradores 
del Eterno, que separados del tumultuoso mar de 
Babilonia, levantan sus manos puras al Cielo, d¡- 
rijeri incesantemente sus votos por la salud del 


— 3 


Universo, y rinden ai Cordero inmaculado ios mas 
sinceros homenajes de su corazón! Entonces las 
espresiones mas lisonjeras de gratitud y de amor se 
suceden unas á otras: ento'nces nuestra memoria 
recreada continuamente con ias miras benéficas, 
que los animaban, y con los puros sentimientos de 
paz y tranquilidad, que manifestaban, recorre sin 
cesarlos lugares, que fueron el magestuóso y subli- 
me teatro de sus heroicas acciones. 

Títulos de eterno agradecimiento conservan 
todos los pueblos á esos heroes del cristianismo. Y 
cuando no fuera el máximo de los beneficios haber- 
les anunciado la palabra del Señor, y enarbolado 
el estandarte de fe cruz; el haber asistido constan- 
temente á tantos hospitales, y a tantas casas de mi- 
sericordia, instituidas para asilo seguro dei desgra- 
ciado y miserable; á tantas cárceles, para llevar los 
consuelos de la religión á tos infelices criminales; el 
sostenimiento de tantos seminarios para la ilustra- 
ción de la juventud, y de tantos templos en donde 
se adoraeon dignidad al Eterno? solo esto, señores, 
bastaría para embellecer los obeliscos y fes pirá- 
mides, que se conservan de su carácter benéfico y 
bondadoso, y obligar á los pueblos y ntcionesá 
bendecir los dias de so nacimiento, á adornar con 
rosas y perfumes fes lugares de sus sepulcros, y a 
engrandecer sus nombres con cánticos de loor y ala- 
banzas. 

¡Vuestra es fe gloria y el honor, Dios mió, que 
asi engrandecéis á vuestros siervos, y los ensalzáis 
hasta el colmo de fe grandeza! 

¿Felices nosotros, mis amados compatriotas, que 
por un efecto de la singular predilección con. que 
siempre nos ha mirado y favorecido, como á su es- 


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— 4 — 


cogido pueblo, el gran Padre de las misericordias, 
tenemos la gran felicidad de registrar en los anales 
de nuestra historia un sin numero de venerables Sa- 
cerdotes, vástagos preciosos de nuestros mayores, 
que con sus heroicos ejémplos han fertilizado nues- 
tro suelo, y hán formado después la corona, que ce- 
ñimos de gloria y honor! 

A la par de tan respetables cenizas descuella, 
cual olimpo entre los montes mas elerados, el infa- 
tigable y venerando Sacerdote déla Compañía de 
Jesús Francisco Ramón Cabré, por los singulares 
dones que derramo sobre su espíritu la diestra del 
Exelso Señores: he abi un nombre que des- 

pierta desde luego las ideas mas sublimes de virtud 
y de zelo por la gloria de Dios, y de su inmaculada 
esposa. ¡Padre Ramón! conocido asi por su amable 
familiaridad con todos, ¿quien podrá pronunciar tu 
nombre, sin dejarse poseer de los sentimientos de 
respeto y de cariño, y no derramar, al menos una 
lagrima de dolor por tu irreparable pérdida? 

Recordar su memoria es lo mismo que dedicar 
el mas preclaro timbre al sacerdocio católico: es pin- 
tar la vida ejemplar de un respetable Sacerdote, que 
admirado contemplo nuestro siglo; que reuniendo 
en su persona las mas brillantes cualidades, como 
cristiano, sirvió' con toda fidelidad al Señor, como 
Sacerdote destinado al ministerio de los altares, fue 
un ejemplar vivo de sus contemporáneos; y como 
cristiano, y como Sacerdote, yo, señor/no dudo afir- 
mar que dio' fiel cumplimiento á las palabras del ' 
santo Job, que me sirven de tema. A mandatis la¿ 
liarum ejus non recessi , et in sinn meo abscóndi ver 
ba oris ejus . 

Bendigamos su memoria, y reunidos en esté 


— 5 — 

santo Templo al rededor de su sepulcro, recordé* 
mos la brillantezde su inocencia, el candor de su in- 
fancia, y los memorables ejemplos de virtud en los 
demas periodos de su carrera. ¡Ah! si me fuera per- 
mitido, al hacer su apoteosis, detenerme en la bella 
pintura de este respetable sacerdote del Altísimo, 
yo recogería con gusto las flores, para esparcidas 
sobre su tumba! ¡Diría que en sus dias se difundid 
como un muren toda la sobre haz de la tierra; que 
brillaba en el Templo del señor como el lucero de la 
mañana, y como el arco iris de paz y reconciliación 
entre Dios y los pecadores. . „ „ « 

Pero dejémos aparte estas imágenes brillantes, 
y busquemos en su vida su verdadero carácter. Yo 
advierto en el venerable sacerdote Francisco Ra- 
món Cabré una exacta observancia y un zelo ardo- 
roso en mantener en su corazón el sagrado deposi- 
to de la verdadera doctrina. He ahi la idea mas com- 
pleta de sus virtudes, y el estimulo mas eficaz para 
seguir sus ejemplos. A mandatis labiorim ejm non 
recessi , et in sinu meo abscondi verba orü ejm . 

Yo, señores, hablo hoy ante la tumba del vir- 
tuoso sacerdote Francisco Ramón Cabré, y á pre- 
sencia de un respetable auditorio que lo amaba con 
especial cariño. 

He aceptado gustosamente, apesar de mi insu- 
, fíeiencia, el honorable encargo que se me ha confia- 
do, para ofrecer respetuosamente ante su sepulcro, 
cual débil tributo de mi particular afecto, la oración 
fúnebre que voy á pronunciaren las solemnes exe- 
quias que la gratitud, la amistad, y el cariño le pre- 
paráran en esta Capilla publica de la Caridad. 

No creáis, sin embargo, que abuse de los dere- 
chos de la muerte; si la muerte favorece la justicia» 


E V 

tfdio' / 


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nociere favorecer la lisonja: ella rae advierte, re- 
montando mi pensamiento hacia los sereros juicio» 
de Dios, que jamás debo hallárme mas firme, que 
en la presente ocasión, para cumplir con las sagra- 
das obligaciones déla verdad, y de la ingenuidad. 
Serp sincero, señores; seré justo; seré sobre todo 
cristiano. Dignaos prestarme vuestra atención. 

Las mas minuciosas circunstancias de la in- 
fancia suelen ser presagios indefectibles del futuro 
ber oismo de las almas justas Yo, Señores, me de- 
tendría gustosamente en referiros los pormenores 
de la niñez del venerable Sacerdote Francisco Ra- 
món Cabré, sino se agolparan desde luego á mi 
memoria otros hechos portentosos, que deben con 
preferencia fijar toda nuestra atenc ion. Baste de- 
cir queaun antes de rayar la aurora de su razón 
dio' motivo á formar las mas felices conjetura*. 

Unidas estas bellas cualidades á la dócil y bue- 
na índole que manifestó, á sus inclinaciones en un 
todo conformes con la mas pura moral, á su amor 
al retiro, y á los actos de piedad, que formaban sus 
mayores delicias, no hubo quien no le considerase 
destinado por Dios para ser uno de sus mas dignos 
ministros, y admirase desde entonces el dichoso 
preludio de las virtudes, que predisponían su cora- 
zón para el sacerdocio. Educado bnjo la dirección 
de unos padres cristianos amolda su corazón á las 
reglas que dieta el espirita de verdad en los libros 
santos de la Sabiduría y Eclesiástico, y desde en- 
tonces sacrifica á Dios su corazón, su entendimien- 
to, y las primicias de su existencia. Desde su 
tierna edad huye de las conversaciones que cor- 
rompen, y de las diversiones que distraen. Des- 
precia las vanidades y encantos del mundo falaz y 



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engañador, y no encuentra otra diversión, que di- 
late su espiritu como la constante asistencia aj 
Templo del Señor. 

Aquí es donde el Espíritu divino descansa so- 
bre su cabeza, y habla á su corazón dulces y amo 
rosas palabras de amor y bondad. Yo te he se- 
parado, le dice, del resto de los mortales: te he es- 

/ cogida para el sacerdocio, y para hacer alarde, y 
osten/ion de mis riquezas, y te he destinado, cual 
victima de mi amor, para que te sacriñques en las 
aras de la virtud. Oye mi voz, y corre apresura- 
do á dar cumplimiento á ios soberanos designios, 
que desde la eternidad tengo formados sobre tí. 

Señores: lágrimas de ternura arrancan del co- 
razón los primeros pasos, que dá el joven Cabré 
en la honrosa senda de la virtud. 

¡Sea dada á tí gloria inmortal, o heroica na- 
ción española, brillante cuna y glorioso teatro de 
las primeras acciones del virtuoso joven Cabré! 
¡Escribe en ios fastos de tu historia con letras de 
oro su respetable nombre, y levanta un monumento 
que eternice las primeras huellas que en tu glorioso 
suelo dejó estampadas! 

Mas: estos son, Señores, los primeros pasos 
que dá en la virtud. Son los felices presagios de los 
rápidos progresos que ha de hacer en el camino de 
la perfección. 

Dios, que vela sobre él, y le rige muy particu- 
larmente, lo separa de los peligros de la juventud, 
y lo lleva de su mano, para vestirle el precioso há- 
bito del inmortal Ignacio de Loyola en el colegio 
imperial de Madrid, que le vé entrar por sus puer- 
tas, para santificarse en él, y sepultar allí todas sus 


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esperanzas en cambio de conservar cu inocencia, 
y acrecentar su virtud. 

¡Gloriaos, o' respetables individuos de la ilus- 
tre Compañía de Jesús, por el hallazgo de esa pie- 
dra preciosa, que añadida á la diadema que ceñís, 
formaráalgun dia vuestra gloria y vuestro honor! 

En efecto, señores: desde entonces el joven Ca- 
bré crece rápidamente á la sombra del Santuario, 
y esplaya su alma, fortalecida con los repetidlos y 
continuos ejemplos de virtud de sus contemporá- 
neos. AHi trabaja para adquirir la ciencia de los 
santos no solo con el estudio asiduo de las sagradas 
letras, sino también con la fervorosa y constante 
practica de los santos Sacramentos, déla oración, 
del silencio, y de todas las demas virtudes. 

El colegio de Madrid en cuyo seno derráma las 
primeras luces de su erudición será un monumen- 
to irrefragable de la gloria, que le merecieron sus 
talentos. 

Pero no', nrf es este, Señores, el terreno en que 
el joven Cabré debe colocarse para difundir sus lu- 
ces y sus virtudes. Ni el foro, ni las academias, ni 
los liceos serán el teatro donde há de adquirirse es- 
te virtuoso joven una gloria grande v un nombre 
eterno. El Altísimo, que ha llamado á este nuevo 
Samuel al santuario, le hace subir al ára santa, a 
recibir la unción sagrada, que debe autorizarle, pa- 
ra las grandes empresas de su Iglesia. Asi es: el jo- 
ven Cabré asciende á la dignidad sacerdotal, y ved- 
le colocado en la eminencia, para empezár la car- 
rera de su apostolado. 

Desde ese momento, en que recibe el Espíritu 
Santo por la sagrada ordenación, puede decirse que 
yá se ocupa todo en anunciar de palabra y con el 


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egemplo las saludables doctrinas de nuestra santa 
religión con aquella dulzura, aquella afabilidad, con 
aquel genio apacible y bondadoso, y con aquel 
atractivo encantador, que le era tan propio y carac- 
terístico. Pero ¡o insondables juicios de la divina Pro 
videncia! cuando todos los pensamientos del respe- 
table Sacerdote Francisco Ramón Cabré se halla- 
ban, acaso, reconcentrados en si mismo: cuando 
sus únicas ideas eran el separarse en todo cuanto 
podía tener contacto con el mundo: cuando solo me- 
ditaba el medio mas oportuno de sustraerse á la 
vpsta de los hombres: cuando á lo único á que as- 
piraba era unirse con su Dios en el precioso recin- 
to de la Compañía de jfesus: el mundo, los horr> 
bres le llaman, y no puede resistir á una vocdteion 
tan manifiesta. Es preciso abandonar todo, y tras- 
ladarse desde tan deliciosa morada hacia la Améri- 
ca, aunque ello importe dejar las mas caras afec- 
ciones de padres, patria, parientes, amigos. El ve- 
nerable Sacerdote Cabré oye la voz de Dios: la 
acepta, temeroso de caer en la animadversión del 
que le llamo á ser centinela y custodio de la casa de 
Israel, y emprende su viaje apostólico en compañía 
de otros venerables Sacerdotes de tan esclarecida y 
sabia institución, que llegaron el año 1837. 

Reunid, Señores, en vuestra imaginación todas 
las bellas cualidades, que deben caracterizar á un 
sacerdote ejemplar y virtuoso, y todas las hallaréis, 
en un grado heroico en la persona del respetable 
Sacerdote Cabré. Hablo en medio de un pueblo, 
que le há conocido personalmente, y no há podido 
dejar de admiraren el la sobriedad mas extremada 
la honestidad mas intacháble, la humildad mas pro- 
funda, la hospitalidad mas suave. Zeloso del bien 


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(le las almas no descansa un solo instante desde su 
feliz arribo ¿nuestras playas, solicito siempre de 
proporcionar á todos los saludables pastos de lasaña 
doctrina, y <le la verdad católica. Lleno del espíritu 
de la mas entrañable caridad, busca aqui y allí los 
pecadores, que descaminados vagan por los sende- 
ros del vicio y de la corrupción. Su beneficencia no 
conoce limites, y se hace todo para todos á fin de 
ganarlos todos para Jesucristo. 

¿Tú, ilustre y heroica República Oriental, mi 
querida Patria, tu le viste con un zelo infatigable 
"dispensar los consuelos, el alivio, y el sustento de la 
religión á todo genero de personas! .Tu le oistej( <'« 
sus palabras, presenciaste^ sus ejemplos, y reco- 
gistqj las gloriosas conquistas de tantos que se rin- 
dieron á la voz irresistible de este Aposto!. 

La religión, Señores, es un pensamiento, y la 
^ palabrees el sol, que lo hace visible, vivo, y comu- 
nicable Como el sol dá la vuelta al mundo para 
iluminar los cuerpos, asi la palabra, hija primogé- 
nita de Dios, dehe dar cada dia la vuelta al mundo; 
para ilustrar los entendimientos, y conquistarlos 
para Dios. 

En efecto 4 ¿que obra mas .grande que ganar 
almas para Dios? ¿En <\ue mejor puede ocupar el 
hombre s'i.s talentos y sus afanes? Sentirse movido 
del espíritu de Dios, llamado y elegido por Dios 
para anunciar sus preceptos, y no buscar en esta 
empresa ni el honor propio, ni la vanidad, ni la fa- 
ma, sino únicamente la gloria lie Dios y la salud 
de las almas, es el carácter de un hombre verdade- 
ramente apostólico. ^ 

Tail era el distintivo del respetable Sacerdote X 
Francisco Ramón Cabré. En la predicación eván- 



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f elica parecía un hombre formado en la escuela de 
esus, y dirigido por su santo espíritu. La unción 
y dulzura de sus palabras arrebataban el entendimi- 
ento, como penetraban y cautivahan el cora- 
zon. Como si Dios hubiera dejado á su cuida- 
do el cumplimiento de aquella comisión, que en 
otro tiernpoconfio á Jeremías, arrancaba y destruía 
los vicios, para levantar en el corazón de sus seme- 
jantes el árbol frondoso de las virtudes. Parecía 
un Josué diestro y aguerrido en las batallas del Dios 
de Sabaot,y escojido por él, para ganar con la es- 
pada de su doctrina la tierra prometida á los hijos 
de Israel: un Moisés escuchando en el retiro déla 
fontana santa de la boca del mismo Dios los pre- 
ceptos de vida, para conducir en el desierto á un 
pueblo numeroso por los caminos de la perfección. 
Buscuba Unicamente la gloria de Dios, la conver-, 
sion de los pecadores, y la salvación de sus almas. 
Buscaba lágrimas, y no una admiración estejql, bus- 
caba el arrepentimiento, y no el prestigio (íePfmin- 
do. Hablaba, y sus palabras eran dardos que pe- 
netraban en el seno de las conciencias culpables, y 
los corazones mas apáticos é indiferentes no podían 
menos de conmoverse. 

Si le contemplamos en el santo tribunal de la 
penitencia, mas que hombre parecía un espíritu be- 
néfico, bajado del cielo para enjugar las lágrimas 
de los pecadores. Allí su carácter era amable, fran- 
co y tierno: su caridad sin límites, pudiendo apli- 
cársele las palabras del Apóstol: pertransü benefa - 
riendo. Era un padre tierno y amoroso, que tendía 
sus brazos á unos hijos que amaba entrañablemen- 
te, y exhortaba á volverse á aquel Dios á quien 
abandonaron ! ¡ A cuanto* pecadores no redujo á 



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jf ^ % y 



abrazar una vida ci istiana y morigerada con el so- 
lo ascendiente de su paternal afabilidad ¡ ¡ A cuan- 
tos hizo renunciar de las seductoras pasiones del si- 
glo con sus exhortaciones llenas de fuego y de un- 
ción divina! ¿Puede dudarse, señores, que el cora- 
zón del Padre Ramón contenia el ardor mas activo 
en trabajar por la gloria de Dios, y el bien de su 
Iglesia?¡Que exactitud tan cuidadosa en ahuyentar 
del rebaño de Jesucristo los lobos de la impiedad! 

¡Ah! Señores: si la moral mas pura, y el cora- 
zón mas tierno; si una vida de abnegación y de sa- 
crificios continuos, empleada toda en aliviar los ma- 
les de la humanidad, son los atributos que caracte- 
rizan á Jesucristo, ¿quien podrá negar, que el ve- 
nerable sacerdote Cabré imito perfectamente este 
divino modelo? Si: él fué modelo de todas las vir- 
tudes, y sobre todo de la caridad. 
f Su inocencia y su candor se manifestaban en su 
amor irlos niños. En favor de la amistad que es 
el seruimiento mas fuerte de la vida, no hubo gene- 
ro de sacrificio, que no hiciese. Desde su misma 
querida patria, á donde regreso por mandato de 
sus superiores, para atender á su quebrantada sa- 
lud, tuvo impreso en su alma ese sentimiento divi- 
no, dirijiendo con repetición á sus discípulos y ami- 
gos esta sentida esclamucion: ¡Montevideo! ¡Mon- 
tevideo! tan querido de mi alma, tan amado de mi 
corazón, yo no puedo contener mis lágrimas al 
acordarme de tí, sin poder olvidarme ni un solo 
instante, en medio de las alegrías nacionales, y de 
las festividades religiosas de mi patria, de esa ju- 
ventud predilecta, que fué y será siempre el objeto 
de mis delicias, y de mis^olicitudes por su- esme- 
rada educación! / 



— 13 — 

¡Jovenes, que fuist^s el objeto mas caro de lo» 
afectuosos cariños del respetable Padre Ramón, 
no quisiera contristaros, con el dulce y tierno re- 
cuerdo de que él fundó canónicamente en nuestra 
amada patria las ilustres congregaciones del Cora- 
zón de María, de San Luis Gonzaga, de Santa Fi-^ 
lomena, y de la Buena Muerte! En ellas os ha de 
jado no solamente la memoria de su talento, sino 
también la memoria mas preciosa de su infatigable 
celo, y de su caridad sin limites ¡Recordad siem- 
pre su nombre con respeto, para estimularos á imi- 
tar sus virtudes, y seguir sus ejemplos! 

Señores : una carrera tan bella, llena toda de 
obras santas, llegada como de un solo golpe á su 
medio dia, parecía presagiar una tarde apacible, 
una vejez rodeada de toda ciase de consolaciones. 
Empero, no fue asi, pues que en contrapeso de los 
magníficos y preciosos dones del apostolado y de la 
caridad, con que Dios enriqueció su vida, cuya au- 
reola de sus raros méritos él procuraba eclipsar 
por medio de la humildad mas ingeniosa, le mandó 
la Providencia divina una enfermedad molesta, que 
duró hasta el ultimo término de su existencia. 

Efectivamente : á la edad de la plenitud del 
hombre, y en la que, todo loque se há sembrado 
en la vida, levanta al rededor de él sus ramas car- 
gadas de sombra y de frutos, esa misma edad éra 
¿7&g,la el venerable Sacerdote Cabré veia su vi- 

/ da tendida como un árbol arrancado de su raiz. - 
Difícil es á los que no lo han ma m mi e á fondo el do- 'y 
lor de esta situación, y el valor que se necesita p 
para no sucumbir á ella. t¿?r~ 

El respetable Sacerdote Cabré nó sucumbió. 

No vio su desgracia sin emoción, y sin sentimiento* 


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— 14 — 


pero hallo en su corazón recursos» para soportarte 
ante Dios, para honrarla ante los hombres, y para 
hacerla servir al bien de sus hermanos, á quienes, 
edificaba con su admirable paciencia. 

Si: nosotros le vimos atacado del mal que debía 
arrebatarle á la Iglesia: encorvado bajo la fatiga, 
oprimido, casi sin voz, y nos sorprendió por la se- 
renidad de su rostro, y la espresion angelical de sus 
miradas. 

En medio de las angustias de su prolija y penosa 
enfermedad, enternecíase, y como que gemia su co- 
razón, al vera cualquiera de nosotros, fijando toda 
su alma, cual si quisiera exhalarla é identificarla 
con la nuestra, para comunicarnos todo el fuego de 
su caridad, manifestándonos con este leoguage de 
acción, mudo, empero el mas expresivo de todos, 
que él nos amaba con una ternura inexplicable» 
prorumpiendo frecuentemente en llanto. 

Ea desproporción de sus fuerzas estenuadas 
por sus apostólicas fatigas, y por la violencia de su 
dolorosa y prolongada enfermedad, había precisa- 
mente de acelerar sus dias. Prevenido ya para mo-. 
rir bien desde sus mas tiernos años, habiendo tra- 
bajado incesantemente por la gloria de Dios, y la 
salud eterna de las almas, y hallándose, al terminar 
subida temporal, en la ciudad de Buenos Aires, re- 
cibe los santos sacramentos con fervor y devoción, 
y el día 24 de Junio del presente año, en te^iUfra- 
octava de San Luis Gonzaga, á quien consagró 
siempre la mas tierna, y constante devoción, á los. 
56 años de su edad, su alma tranquila deja un cuer- 
po, que se ocupó en el servicio de su Señor, para 
descansar en la venturosa eternidad, en la que vi- 
vía ya de antemano. Su memoria es grata á la vir- 


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tud y á la relijion, gloriosa para la Iglesia, y su 
nombre vivirá indeleble en el corazón dé cuantos le 
conocieron. 

Mas: ¡O muerte cruel! que nos arrebatas á tan 
recomendable y digno sacerdote! Pero, mas bien 
diré: ¡O religión santa! que descendiste, cual conso- 
lador universal, para convertir cada lamento en una 
esperanza, y hacer de los padecimientos una comi- 
tiva encargada de acompañar al hombre en su pe- 
regrinación hacia Dios! ¡Religión sublime! que nos^ 
enseñas que los muertos no son mas que unos ami- 
gos ausentes, que nos han precedido en la eternidad! 
¡Religión divina! que nos muestras en el sepulcro, 
un gran revelador, en la muerte una radiante trans- 
formación, que en vez de romper los lazos del co- 
razón, y la intimidad de las inteligencias, los estre- 
cha!; y los fortalecéis emancipándolos del peso del 
cuerpo; y que estaolecdfen fin, entre el mundo visi- 
ble, y el invisible una reciprocidad de sentimientos 
y de ideas, cuyo encanto es un éxtasis. 

¡El virtuoso, infatigable y venerando Sacerdote de 
la Compañía de Jesús Francisco Ramón Cabré vi- 
ve, Señores, en la eternidad! ¡Su memoria vive y 
vivirá en sus admirables ejemplos, en aquella cari- 
dad ardiente, en aquel generoso desprendimiento de 
los bienes de la tierra, en aquella abnegación de sí 
mismo; en aquella humildad profunda. Vive y vivi- 
rá su Voz elocuente y persuasiva en el corazón de 
cuantos le oyeron en el pulpito, én él santo tribunal 
de la penitencia, y en sus cristianas exhortaciones, 
publicas y privadas. Vive y vivirá al pié del lecho 
de los moribundos, suavizando sus padecimientos, 
y animándolos á la perseverancia. Vive y vivirá en 
las cárceles, en los cadalsos, imprimiendo en el co- 

/ 


l¡tged^ y - (j QO^IC 





razón de los infelices criminales los encantadores 
atractivos de la virtud, para estimularlos al arre- 
pentimiento y al dolor. Vive y vivirá aquel pensa- 
miento sublime, que fue su favorito proverbial, y 
que con repetición pidió fuesé inscripto en la lápida 

de su sepulcro: ¡Joven, confiésate!! 

¡Jovenes discípulos, amigos del respetable 
Padre Ramón, que no teneis hoy otro consuelo en 
su sensible pérdida sino lá triste memoria de su se- 
pulcro, y los gratos recuerdos de su vida, acercáos á 
ese magnifico y rnagestuoso aparato lúgubre, que 
rodea el sarcófago do' reposa una ceniza tan veneran- 
da y tan querida! Ella excitará de nuevo las ansias, 
los votos, y los suspiros de vuestro corazón, para 
derramar una lágrima mas en testimonio muy ex- 
presivo de profundo respeto, é inolvidable cariño. 

Y nosotros, venerables Saoerdotes del Altísimo, 
al ver precipitarse con tantea rapidez las columnas 
y apoyo/ que Dios había dado á su Iglesia, conoz- 
camos mas nuestros deberes, y la brevedad del ti- 
empo, que nos há dispensado, para cumplirlos. 

Poseemos el fruto abundante de las tareas 
apostólicas de nuestros predecesores, y él ejemplo 
precioso de sus heroicas virtudes. Continuémos, co- 
mo Nehemias, los muros y las torres de la Ciudad 
santa. Ahora acerquémonos al pié del altar, pene- 
trados de la mas respetuosa veneración, á elevar al 
Dios de las misericordias el sagrado himno fúnebre 
por el eterno descanso del venerable Sacerdote 
Francisco Ramón Cabré, á quien Dios haya en un 
glorioso abismo de felicidad en sempiterna paz; 


AMEN. 








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